Las entradas están ordenadas cronológicamente de abajo a arriba!!!
Cordillera del Kaçkar.
Cuando nuestras tripas fraguan, abandonamos el lugar y acompañamos al río Coruh (famoso por su rafting) en su camino al mar. Pero el lógico descenso nos tiene reservadas un par de "sorpresas". La construcción de una macrocentral eléctrica nos obliga a remontar un fuerte desnivel. Más tarde, el río se interna en territorio georgiano, por lo que no nos queda más remedio que ascender un nuevo collado para atravesar los Kaçkar. La vertiente norte de estas montañas nos recompensará con el espectáculo de la recolección de la hoja del té.
Después de dos meses por territorio turco llegamos, al fin , al Mar Negro.
Alí y el oso goloso.
A los 100 km. de pedaleo encontramos el campamento ideal: fuente, mesas... Tras la ducha botellón y los estiramientos, buscamos un lugar en donde colocar el chador (tienda). En esas estamos cuando aparece un hombre. Este nos advierte que el lugar no es seguro para dormir, comandos militares patrullan la zona por la noche.
Como el caqui no es nuestro color preferido, aceptamos su invitación y caminamos hasta su cabaña de montaña. Alí es pintor, pero en sus ratos libres se dedica a la apicultura. Varias decenas de cajas con colmenas rodean su morada.
- Alí, para que usas la escopeta?
- Para defender las abejas. - Este tío la emprende a tiros con los abejarucos, pienso.
Aunque Alí domina el inglés como nosotros el turco, es muy vivo y enseguida dibuja un enorme animal en su cuaderno.
- Queeeé?
Sabíamos de la existencia de plantígrados en Turquía pero nunca pensábamos que pudieran estar tan cerca, ni de su descaro para robar miel. Esa noche en la cabaña de Alí, soñare con el oso.
Mientras amaina la tormenta.

Los kafkas.
A casi 2000 mt. de altura, en las montanas del Este de Turquía, llegamos a la aldea de Karakuyu. El sol desaparece en el horizonte y la temperatura desciende bruscamente. Nos abrigamos y nos disponemos a montar la tienda.
El Este, una Turquía diferente.
La Naturaleza y el hombre en armonía.
En Cappadocia, en pleno corazón de Turquía, al fin parece que ambos se
Hoy en día Cappadocia se confirma como el mayor atractivo turístico del país.
Una familia muy viajera.
El padre, un enamorado de Pakistán, nos explica sobre el mapa, los lugares que no debemos perdernos.
La etapa "gueina".
- intentar nos bajar de peso alimentándonos lo mejor que pudiéramos o que las circunstancias nos dejaran.
- evitar etapas que sobrepasaran el centenar de kilómetros.
Hasta el momento veníamos cumpliendo estos "mandamientos", pero al salir de Ankara camino de Capadocia, el viento de culo y las ganas de llegar a otro de los platos fuertes del viaje, hace que al final de la jornada el cuenta señale los 130 km.
Saltarnos esta premisa tendrá como recompensa que nuestra llegada a la Capadocia coincida con la bajada de Celedón. Mientras miles de Gasteiztarras encienden su puro, nosotros nos conformaremos con una cerveza bien fría.
Del vergel al desierto.
Sabemos que Turquía es un país de gran producción agrícola y mientras pedaleamos
Después de 20 días de inactividad, las piernas se resienten en cada cuesta y son muchas pues desde el nivel del mar debemos remontar unos cuantos metros hasta encarmarnos en lo alto de la meseta de Anatolia. Nos duelen las piernas, pero nos consolamos viendo como hombres y mujeres doblan la espalda en el campo bajo un sol de justicia.
A partir de Nallihan el paisaje cambia bruscamente. El verde de cultivos y bosques dará el relevo a diferentes tonos ocres que nos acompañarán largo tiempo.
GAS o LINA.
El elevado precio del combustible en Turquía (unas 300 pts. de las de antes), obliga a la mayoría de los vehículos a utilizar gas.

Travesía azul.
De vuelta a Estambul tenemos buenas noticias: después de veinte días... al fin la visa de Irán!!!
Turismo sin bicicleta.
Después de una semana en Estambul es hora de cambiar de aires. Dorleta y Aitor, que se encuentran viajando por Bulgaria deciden hacernos una visita. Buscamos un lugar neutral donde reunirnos y retrocedemos en bus hasta Edirne,
Entre cháchara y cháchara sacamos un rato para ir a un haman. -¿Quien dijo que los masajes resultan placenteros?- Nuestros gritos de clemencia no hacen mella en el torturador, pues éste tiene el corazón tan frío y duro como el mármol donde se asientan nuestros doloridos cuerpos.
Con pena, nos despedimos de Aitor y Dorleta y ponemos rumbo al Sur.
Abandonamos Efeso y nos dirigimos ahora a uno de los lugares más representativos y fotografiados de Turquía. La visita a Pamukkale nos decepciona en parte, pues una mala gestión y una nefasta política medioambiental han hecho que gran parte de las bañeras calcáreas se hayan secado.
En autobús continuamos al Sur hasta la localidad costera de Fethiye, donde nos embarcaremos cuatro días en una goleta. Nos cuesta creer que nos encontremos en Turquía y no en cualquier destino turístico del mediterráneo español: tiendas de souvenirs, alquiler de quards, cuerpos en bikini, aquapark... y lo más sorprendente, los precios en libras.
Estambul.
Mientras esperamos a que nos tramiten los visados de Irán (entre diez y quince días) aprovecharemos para aburriros con unas fotos.
Rumbo a Estambul. El portal de Asia.
- ¿La hospitalidad musulmana va cruzando fronteras?-
Más contentos que unas castañuelas recogemos nuestros bártulos y nos acercamos a la muga. Diez euros, visa para tres meses y bienvenidos a Turquía.
Descartamos la linea recta que lleva hasta Estambul, pues por esta carretera confluyen todos los vehículos provenientes de Europa. En su lugar daremos un rodeo, bordeando el Mar de Marmara.
Lo primero que nos llama la atención es la enorme presencia militar en la zona. Día y noche, el estruendo de los cazas surcando el cielo.
Un transbordador nos cruza el estrecho de Dardanelos y pedaleamos ahora por la costa sur del Mar de Marmara. Numerosos cargueros circulan por la zona, pues es el único paso entre el Mar Negro y el Mediterráneo.
Lejos de la imagen preconcebida que teníamos del paisaje de Turquía,
En ocasiones, abandonamos el asfalto y buscamos "atajos" por caminos de tierra, pero éstos acaban duplicando el kilometraje. A su favor, disfrutamos de una compañía de lo más variada: un zorro, culebras, galápagos, cigüeñuelas, carpinteros y algún tipo de ibis.
En Bandirma tomamos un ferry para cruzar de nuevo el Mar de Marmara y desembarcamos en Estambul el día y a la hora que en Pamplona se escucha el cohete de inicio de los San Fermines.
Ni un pelo de tonto.
Tras dar por finalizado en acordado rape, desenvaina sus tijeras pues debe creer que mis pobladas cejas desentonan con el nuevo look.
Terminado esto, las tijeras se dirigen ahora a los orificios de mi nariz.
-Yo solo venía a cortarme el pelo!-
Pero ahí no acaba todo, cuando parece que a concluido el esquile, el tipo saca un mechero y lo acerca peligrosamente a mis orejas.
-¿Pero este tío que hace?-
Con cara de susto y olor a pollo quemado salgo de la peluquería.
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